viernes, 30 de abril de 2010

Pasos para mantener tu relación (o para terminarla en tiempo record)


M ya no está conmigo. Hace ya varios días –luego de comprobar lo distintos que son nuestros estilos de vida y nuestras formas de pensar– resolvimos (o resolvió) interrumpir el virtual y confortable matrimonio que iniciamos con optimismo hace poco mas de 120 días. Al parecer, la química inicial –potenciada por un verano fiestero y bullidor– no bastó para que el matrimonio cobrara fuerza. Así ocurre, supongo. Algunos casos similares funcionan, otros no tanto, y otros creen que funcionan aunque sea mentira. La comprensiva M dice que soy el responsable de lo que pasó. Pero si me pongo una mano en el pecho, tendría que reconocerlo. Fui yo quien avivó nuestras diferencias con mis férreas manías, mi egoísmo y algunas actitudes que no sabría cómo explicar. En las últimas horas he tratado de hacer un examen de conciencia para identificar dónde y cuándo es que exactamente la cagué. El que sigue es un infalible inventario para que te dejen (ya sea tu novia o lo que corresponda) en tiempo récord.

1. Dile todo lo que piensas. No reprimas ningún pensamiento ante ella, por muy inadecuado o muy mata pasión que este sea. Si tú le dices a tu novia absolutamente TODO lo que pasa por tu cabeza, no hay duda de que te dejará tarde o temprano. También te dejará si no le dices lo que ella quiere escuchar. Hay cosas que las mujeres quieren oír, independientemente de que a los hombres nos provoque decirlas en un determinado momento. “Yo también te extraño”, “Yo también te quiero”, “Yo también he pensado en ti”, “Solo me gustas tú”. Hay hombres que, aunque no les nazca, pueden soltar esas frases cálidas sin remordimiento. Hacen bien: ellos conservarán a sus novias. En cambio, los que –sin tacto– revelamos nuestros pensamientos más oscuros (oscuros y auténticos) estamos condenados a perderlas. Los seres humanos no estamos preparados para escuchar toda la verdad. A veces preferimos que nos mientan, porque las mentiras amortiguan los dolores y hacen que la burbuja de nuestra idealización sea indestructible.

2. Cuéntale todo lo que haces. Por ejemplo, cuéntale que chateas con tu ex enamorada. Por más de que se lo comentes en nombre de la transparencia y de la justicia, al contárselo le enterrarás una duda en el corazón. Tú mismo, por no querer ahorrarte un incómodo secreto, sembrarás el miedo en su cabeza. Aunque le asegures que son chateos inofensivos y que tu ex está con novio, ella creerá que tú aún guardas sentimientos reprimidos por tu antigua enamorada.
Lo más razonable sería hacerle caso al escritor español Javier Marías (el cual consulté hace poco), quien sostiene la tesis de que: para que un matrimonio subsista, tiene que existir el secreto. Conserva algunos secretos y tu novia se quedará contigo. Si le cuentas todo, te dejará.

3. Olvídate del regalo del primer mes. Si no quieres perder a tu chica, ni se te ocurra llegar a su casa con las manos vacías el día que cumplen un mes de enamorados. Te sentirás mal cuando veas que uno de sus regalos es una camisa preciosa que te queda increíblemente genial. Y te sentirás peor cuando veas que el otro obsequio ha sido hecho por ella misma: un regalo simbólico que fabricó en silencio, robándole horas al sueño. Mientras la abrazas para agradecerle tendrás que ir pensando en una buena excusa para justificar tu olvido imperdonable. Le dirás: “gracias, amor, no debiste molestarte” cuando en el fondo lo que quieres decirle es: “me cagaste, porque no te traje ni una flor”. Le dirás que saliste tarde de estudiar, que tuviste un día de perros, y que no estabas seguro de cuáles eran sus tallas de ropa ni de zapatos. Dirás lo que sea para salir del aprieto, pero será inútil. Quizá ella no diga nada en ese momento acerca de tu austera manera de celebrar una fecha tan especial. Quizá te perdone que no te hayas detenido en el grifo a comprarle siquiera unos chocolates. Quizá te haga creer que “nadie regala esperando algo a cambio”. Pues, mentira. Tarde o temprano, en la segunda o tercera pelea, cuando menos lo presientas, ella te recordará lo tacaño e insensible que fuiste al olvidarte de ese primer regalo que nunca llegó. ¡Basura!

4. Mantén tu espacio. Sigue cumpliendo con tu rutina, tus hábitos y tus normales actividades, y tu chica no tardará en mandarte al diablo. Ese discurso de que cada uno debe mantener su espacio –que resulta muy efectivo en la temporada de seducción– no siempre se respeta una vez que la relación se formaliza. Mantén la salida de los sábados en la noche con tus amigos barranquinos, el fulbito matinal de los domingos, las reuniones de los viernes con tus amigos poetas, las sesiones de Play Station con tus amigos de promo, y tú solito irás edificando la torre maciza que aplastará tu relación. Muy tarde aprenderás que no puedes tenerlo todo y que hay cosas que debes sacrificar en nombre de una relación medianamente estable.

5. Haz pública tu vida privada. Etiquétate en Facebook. Escribe en tu blog sobre tu vida íntima. Escribe sin roche y sin tapujos, convirtiendo en párrafos tus más tortuosas ideas acerca de las relaciones sentimentales, corriéndote el riesgo de caerle mal a la gente. Posiblemente ella te diga que no le molesta que lo hagas, pero evidentemente le incomodará. Algunos de sus amigos –que secretamente leen tu blog y te cuelgan comentarios con nombres falsos– la torturarán preguntándole constantemente si todo lo que tú escribes es verdad o no. Y ella, aunque no te lo diga, irá cansándose poco a poco de tu blog y de ti y de tus absurdas y pajeriles teorías sobre la vida y el amor.

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